El mariachi y el tequila son iconos mexicanos ante el mundo, ambos provenientes del mismo lugar: Jalisco, estado que posee actualmente a 2 equipos en la máxima categoría del fútbol mexicano como lo son Chivas y Atlas quienes cuentan con historias contrastantes y con grandes diferencias en sus palmares ya que los rojiblancos cuentan con 12 títulos de liga colocándose así entre los clubes más grandes del balompié azteca, mientras que los rojinegros apenas han levantado 1 vez el mismo trofeo en 103 años de vida, sin embargo estas diferencias importan poco si ambas instituciones se confrontan en el césped ya que más que tres puntos en disputa, es el honor y la supremacía por una ciudad lo que está en juego
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El sábado 7 de marzo del 2020 la perla tapatía se paralizó de nuevo

Dan las siete de la tarde y la Avenida 16 de Septiembre ya olea con colores de dos contingentes a quienes el rojo une pero el tablero de ajedrez divide marcando un conflicto en la tendencia textil por ver que monocromático se lleva mejor con el color de la sangre, misma que acelera su flujo mientras el aficionado se acerca cada vez más al Estadio Jalisco, recinto que será testigo otra vez de un choque de hermanastros que nunca terminan por llevarse bien. Una Italika con 2 rojinegros sin casco avanza en dirección a Calzada Independencia, avenida que no solo divide la parte bonita de la peligrosa de la ciudad en palabras de Javier, conductor de Uber que se dirigía al coliseo que albergara los juegos de local de ambos equipos hasta hace 10 años cuando en el aledaño Zapopán terminará de construirse el nuevo estadio del Club Deportivo Guadalajara.
Dos escenas curiosas antes de arribar, la primera toma por sorpresa y aparece en forma de camión Mercedez Benz con el escudo chiva tatuado y es que el vehículo transporta jugadores, cuerpo técnico, parte del staff y la esperanza de más de medio país que anhela llevarse los tres puntos en este clásico. Dos semáforos adelante, la luz roja permitió mirar a una patrulla que acechaba o protegía, depende del lado de la calle, a un aficionado rojiblanco que parecía esperar a su rebaño. Es que acá se junta la porra del Chivas y se van en caravana al estadio decía Javier ante la duda de dicha imagen.
Cerrón de puerta, arranque de un Versa y la postal describe un ocaso claro, tan claro como el nombre en el chaleco de la agente policial que ayudaba a ceder el paso a los peatones en busca de pisar Monte Carmelo. A. García M. indicaba los pasos a seguir para el peatón en busca de entrar al estadio entre gritos de llevate la playera provenientes de decenas de puestos alonados, tan fuertes como las invitaciones culinarias a probar la birria, los dogos y las tortas ahogadas para tener algo más que emoción y nervios en el estómago antes de ingresar al inmueble protegido por varios oficiales que prevén algún altercado entre porras, o simplemente revisan que la hebilla de tu cinturón no sea tan grande para ser considerada un arma.

Un azul cansado se plasma en el concreto que pisan miles de aficionados que recorren los pasillos que dan entrada al estadio, unas pocas escaleras separan la visión atunelada de la apreciación de cancha y asientos que componen el complejo deportivo, mismo que está a una hora de presenciar el Derbi Jaliscience que definirá una vez más al mandamás moral de la ciudad por al menos 6 meses hasta que se vuelvan a encontrar, pero ese pensamiento se esfuma al unísono de ¡Cerveza, cerveza! ¿Cuántas, cuantas? porque no importa si el partido aún no comienza, la oferta y demanda existe sin que el balón esté rodando.

Uno, dos, diez, cien, mil, miles de peluches reposaban en cada uno de los asientos numerados del estadio conformando una pintura atípica que tardó en ser descifrada por la voz del estadio, desminitendo al acomodador que minutos antes dijo que el juguete venia incluido por el precio del boleto. La bocina anunció que la campaña ReLateXJalisco, había colocado en las butacas 50 mil peluches que fueron regalados por la gente de la capital tapatía en apoyo a niños de escasos recursos, con la dinámica de que los espectadores lanzaran al medio tiempo todos los peluches al campo, dónde serían recogidos por varios niños y adultos que eran parte de dicha actividad.
Los equipos saltan a calentar y la primer rareza ocurre: Atlas es abucheado en su propio estadio, dejando entrever que la fanaticada del visitante es mayor, al menos dentro del lugar ¿Un presagio de lo que sucedería en menos de 30 minutos? Posiblemente, pero ahí el concepto de David y Goliath es más factible, aunque pensándolo mejor, cualquier cosa en un clásico es posible ya que las estadísticas no se ponen espinilleras ni vendaje por lo qué aunque puedan marcar una tendencia, no se convierten en factor dentro del desarrollo de los noventa minutos.
¡Echale Antuna! ¡Te amo Chicote! ¡Eres la v*rga Gallo! eran algunos alientos de la grada que lanzaba al jugador de su preferencia, cómo muestra del apoyo incondicional que se venía mientras los jugadores regresaban a los vestidores para colocarse la indumentaria de juego y salir a representar los colores con garra, con pasión y determinación, misma que tenía el vendedor de lonches para ofertar su producto al mejor postor a la voz de ¡Lonches, lonches! y con el fondo de Back In Black de AC/DC fue suficiente para mover su cuello cual jirafa en la sabana, pero para sábana, en la que venía envuelta un bebé tres filas arriba cuando este fue percatado mientras la travesía al sanitario se ejecutaba. Mingitorio comunitario en escuadra y 5 retretes conformaban un espacio de convivencia y miradas agachas entre chicos, medianos y grandes que portaban jerseys rivales pero contaban con un mismo objetivo, vaciar el recipiente antes del pitazo inicial.
Silbato en boca, reloj cronometrado y más de una persinada dieron arranque a una edición más del clásico tapatío que en apenas 6 minutos vio su primera clara de gol en los píes de Jeraldino, el 9 del Atlas que tuvo el espacio y la suerte de quedar frente a Toño Rodríguez, evadiendo a dos zagueros centrales, para efectuar un disparo certero que abriera el marcador, sin embargo eso no ocurrió debido a que el punterazo del chileno fue justo a la dirección del arquero chiva, por lo que los rojinegros desaprovechaban una oportunidad clave de irse arriba en el marcador.
Sería hasta el 18´ cuando Jésus Molina, contención del rebaño, adelantaría a los rojiblancos en el juego tras un cobro de esquina mal rechazado por parte de la defensa atlista que dejó el balón en bandeja de plata para que el 20 de Chivas metiera un derechazo cruzado que terminaria encajado en el fondo de las redes rojinegras. 1-0 y el Jalisco se caía teñido de rojo y blanco al son de ¡Chivas, chivas!
¿Se han puesto a pensar la infinidad de cosas que pasan en 10 minutos? Seguro que sí, ya que del minuto 30 al 40 transcurrieron los segundos más intensos del encuentro. Primero Germán Conti y Jesús Sanchez se hicieron de palabras y uno que otro encaramiento tras un encontronazo buscando el balón, el saldo fue una amarilla para cada uno en el 32´ siendo este el aviso de lo que se venía. Al 35´ Alexis Vega conducía el balón intentando pasar medio campo cuando el esférico se le adelanta y en su búsqueda por recuperarlo, propina una plancha a la tibia del argentino Conti, que tras ser vista en el VAR por Jorge Isaac Rojas, colegiado del encuentro, provocó la expulsión del delantero mexicano dejando así al Rebaño con 10 jugadores. 3 minutos duraría la ventaja numérica para los Zorros ya que Martín Nervo se barría temerariamente sobre Uriel Antuna, generando así una nueva tarjeta roja en el partido dejando a ambas escuadras con diez sobre el pasto.
Chivas lucía superior hacia el final de la primera parte, llegaba con facilidad a territorio enemigo y lo hacía en más de una ocasión pero sería en el 42´que tras un pase largo y bombeado de Jesús Sanchez, Isaac Brizuela recepcionara de manera magistral ante la marca de un rojinegro, conduciera un poco y cediera a un José Juan Macías que marcaría el segundo para el rebaño tras una recepción dirigida y un disparo razo a la izquierda del arquero Camilo Vargas provocando la euforia en la tribuna al grado de mirar una lluvia de peluches anticipada, sí, la gente enloqueció e ignoró el propósito de la noble actividad de medio tiempo y comenzó a aventar todos los ositos a la cancha.
Muchos ya se levantaban de su asiento cuando otra tarjeta roja salió a la luz, esta vez para el jóven Fernando Beltrán, camiseta rojiblanca número 26 que sería expulsado por un aparente pisotón aunque poco duraría la alegría de los zorros ya que tras una nueva revisión del VAR, el arbitro central cambiaría su decisión a una preventiva tarjeta canaria ante la protesta de más de un atlista. 2-0 al descanso que mostraba a un rebaño letal con un juego dinámico que exhibía las carencias del combinado de la Academia.
Personas aglutinadas intentando formar una fila para el baño, otros comprando marquesitas y algunos muchos rellenando de cebada al corazón para ver si era posible alegrarse más. Sonrisas y confianza por parte del aficionado chiva que contrastaba con el semblante serio y cabizbajo del hincha rojinegro, una serie de matices que no importó a la hora de salvar la dinámica peluchesca con una voz del cielo que hacia una cuenta regresiva para dar luz verde al lanzamiento de los afelpados, al menos de los pocos que quedaban sin lanzar. Quince minutos y docenas de vendedores pasaron para dar inicio a la segunda parte del encuentro.
Once rojiblancos que lucían calmos con la ventaja y se dedicaban a tocar el balón esperando que los académicos los corretearan en busca de quitarles el balón para cansarlos, y sí, la furia salió al campo con otro chip tras un regaño de Rafa Puente y dos sustituciones en la escuadra que refrescaban la energía y esperanza de empatar el juego lo más pronto posible, esperando que Brayton Vázquez y Cristopher Trejo inyectaran esa motivación a un combinado que se vio muy limitado a la hora de contrarrestar el dinamismo chiva.
Diez minutos del complemento y apenas una tímida llegada de los locales en pies de Javier Correa quien disparó desviadamente y apenas provoco un gesto en el canserbero del rebaño, quién con ambas manos sincronizadas en un movimiento paralelo y hacia abajo pedia la calma a la zaga central. Los primeros bostezos aparecían, primero del niño, después de la niña hasta llegar al chavo que ofertaba guasanas, una botana típica del estado que consiste en un garbanzo verde cocido en agua con sal, al cual se le puede echar salsita y limón al gusto, aunque tan a gusto no estaba un sujeto atlista en los asientos VIP, ya que comenzó a hacerse de palabras con un chivahermano que supuestamente se había burlado de él ¿Será? Quizá sus seis apilados vasos plásticos de amarillo fermento ya le habían movido tres neuronas.

De repente, cuando el partido lucía flojo, Jesus Molina conecta una chilena al 58´ tras una serie de rebotes que logra atajar Camilo Vargas, mandando el balón a córner y evitando el tercer clavo del ataúd que sentenciaría de manera temprana el encuentro. Si, Chucho sabe que pudo ser uno de los goles más lindos de su carrera y lo refleja en su fuerte sonrisa, de esas en las que los dientes se aprietan y la nariz se arruga, consciente de lo que hubiera sido pero atento a lo que estaba por venir tras un resoplo que le acomodó las ideas y el copete al central que lo marcaba en el tiro de esquina.
Al 67´entraba Mauricio Cuero quemando así todas las modificaciones rojinegras con la fe puesta en el colombiano para que fuera el factor determinante a la hora de inclinar la balanza hacia los suyos. 6 minutos más tarde, el central Conti remató de cabeza dentro del área, provocando el exceso de mirada de Toño Rodríguez que parecía tener guantes en las pupilas buscando desviar la trayectoria de una pelota que paso apenas a un costado del marco que defendía. Minutos finales y el Atlas comenzaba a meter presión en búsqueda de un tanto.
Buscaba el zorro, intentaba escabullirse entre zagueros pero no podía, se acercaba y daba sensación de peligro pero no concretaba, aunque logro encajonar a un Deportivo Guadalajara que jugó al contragolpe durante los ultimos quince, y en una de sus escapadas, el Chapito Sánchez recorrió la banda derecha para ceder el balón a un J.J Macías ubicado en la lateral de la cancha, comó si de un extremo se tratára, y vaya que su agilidad lo camuflajeo como uno debido a un par de fintas que sumadas dieron como resultado un caño y un disparo de tres dedos que se negó a la inmortalidad cuando salió rozando el poste que permitía un nuevo saque de meta para un apurado Vargas que pedía salir a los suyos.
Centros y pases filtrados pellizcaban el aréa de las Chivas, quienes no cedían ante la exhausta insistencia de unos rojinegros que no descansarían hasta ver un balón suyo en la red, y cómo la defensa también es humana, puede ponerse errática después de una serie de intentos peligrosos , Molina se barría intensamente buscando arrebatar la esférica a Jeraldino fallando en el intento, seña clara del colegiado apuntando con mano de cuchillo al manchón penal. Si, el Atlas tenía chance de disminuir la ventaja rojiblanca a 7´del final.
Cruzado a la derecha engañando al arquero y el amuleto Cuero, quién entrara minutos atrás , colocaba al Atlas a un gol del empate ante su acérrimo rival quedando solo 5 minutos en el encuentro más el añadido, convirtiendo a un partido que parecía decidido en una batalla dónde los nervios jugaban parte importante, convirtiendo el tiempo en horas para los rojiblancos y segundos para los rojinegros.
Hasta el incrédulo que ya subía las escaleras hacia el túnel que lo llevaría a su auto se sentó para ver un final de frenesí con un equipo que bombardeaba de pelotas el area enemiga y una escuadra que rechazaba las granadas desde su trinchera, con la promesa de que nos les estallarían en las manos. Frenesí que existió hasta la bocanada expulsada en ocarina del referee, quién con la mano en alto daba por finalizada una edición más del clásico tapatío dando por vencedor al de siempre, el de casi siempre, al hijo consentido de la ciudad de las cinco as, al vecino incómodo que no te deja dormir por los festejos con música de las 2 AM, a ese conocido que envidias por lo mucho que ha logrado viniendo del mismo barrio, a ese inevitable que por su historia no te dejará ver la luz de sol por un buen rato más y seguirás viviendo a su sombra. Guadalajara es de Chivas y lo será por un buen rato, o al menos hasta la próxima batalla.












